La escalera
Estaba en mi casa, pero había un hueco en el techo de la cocina. Era un hueco alrededor del ventilador, lo suficientemente grande como para que entraran personas por allá. El hueco daba hacia una estancia redonda e iluminada mínimamente, cuyas paredes estaban atestadas de libros. Era un edificio altísimo pero desde ahí sólo se podía ver una aparentemente interminable escalera de caracol, aunque en frente de la entrada había un elevador que no vi a nadie usar. Cuando uno subía por la escalera de caracol iba notando que en las paredes habían espacios sin libros que llevaban hacia pasillos y cuartos arbitrariamente acomodados y con una estética muy diferente al de la primera estancia del sueño. Algunos estaban iluminados con luz amarilla y otros con luz blanca, algunos tenían alfombras y papel tapiz con estampados, mientras que otros eran blancos y minimalistas. Aunque en ningún momento subí la escalera, aparecí en un cuarto blanco algo pequeño, fresco, que olía a nuevo. Era un salón de clases y estaba con mis compañeros (no conocía a todos en la vida real). Un maestro que sí conozco en la vida real y que es bastante estricto entró al salón y nos dijo que lo siguiéramos hacia el salón en el cual presentaríamos el examen. Subimos unas escaleras de concreto, no de madera como las de la escalera de caracol, y llegamos a un salón similar al anterior pero ligeramente más grande e iluminado. Yo no entré, sino que bajé de nuevo a mi cocina, porque me sentía mal.
Recuerdo muy bien este malestar físico porque nunca lo había sentido antes en un sueño. Mi cuerpo, y en especial mi pecho, se sentían extrañamente apretados, por llamarlo de alguna manera, como si mi propia piel me quedara pequeña. Era muy extraño, me sentía débil, muy pesada y como oprimida por alguna fuerza. Mi cara y mi pecho se sentían como si fueran de goma, o de algún material inflable. Me metí a mi hamaca en el cuarto de en medio, y en la hamaca de al lado, donde mi hermana duerme normalmente, había un niño que no conozco. No recuerdo qué me decía pero me estaba insultando y maltratando. Yo lo ignoraba porque no podía sacarme de la cabeza que todos estaban presentando el examen y yo no, además de que ni siquiera había estudiado nada. Aunque me sentía muy mal traté de estudiar un esquema que el maestro había dicho que sería lo único que saldrá en el examen. A pesar de que era pequeño y en la vida real lo habría memorizado en poco tiempo, en el sueño simplemente no conseguía memorizarlo.
Alguien me llevó el examen para presentarlo desde mi hamaca y así lo hice, al terminar dije que me había ido muy mal, pero aun así me paré para llevárselo al maestro en el salón, que se encontraba muy arriba en el edificio que estaba arriba de mi cocina. Cuando llegué a la cocina e intenté entrar por el hueco descubrí que aunque el hueco seguía allí, la estancia había desaparecido. Revisé varias veces, pero no había nada más que un pequeño cuarto color blanco.
El maestro entró por la puerta principal de mi casa y no me quiso escuchar cuando traté de explicarle que no había ido porque me sentía mal y porque la entrada al edificio había desaparecido.
Recuerdo muy bien este malestar físico porque nunca lo había sentido antes en un sueño. Mi cuerpo, y en especial mi pecho, se sentían extrañamente apretados, por llamarlo de alguna manera, como si mi propia piel me quedara pequeña. Era muy extraño, me sentía débil, muy pesada y como oprimida por alguna fuerza. Mi cara y mi pecho se sentían como si fueran de goma, o de algún material inflable. Me metí a mi hamaca en el cuarto de en medio, y en la hamaca de al lado, donde mi hermana duerme normalmente, había un niño que no conozco. No recuerdo qué me decía pero me estaba insultando y maltratando. Yo lo ignoraba porque no podía sacarme de la cabeza que todos estaban presentando el examen y yo no, además de que ni siquiera había estudiado nada. Aunque me sentía muy mal traté de estudiar un esquema que el maestro había dicho que sería lo único que saldrá en el examen. A pesar de que era pequeño y en la vida real lo habría memorizado en poco tiempo, en el sueño simplemente no conseguía memorizarlo.
Alguien me llevó el examen para presentarlo desde mi hamaca y así lo hice, al terminar dije que me había ido muy mal, pero aun así me paré para llevárselo al maestro en el salón, que se encontraba muy arriba en el edificio que estaba arriba de mi cocina. Cuando llegué a la cocina e intenté entrar por el hueco descubrí que aunque el hueco seguía allí, la estancia había desaparecido. Revisé varias veces, pero no había nada más que un pequeño cuarto color blanco.
El maestro entró por la puerta principal de mi casa y no me quiso escuchar cuando traté de explicarle que no había ido porque me sentía mal y porque la entrada al edificio había desaparecido.
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