El cementerio y el perro

Estaba en la azotea de mi casa, observando por primera vez que el techo de la zona más antigua estaba cubierto de lápidas.
Mi padre me mostró la tumba de su madre, la más grande de todo el techo, pero de todas formas de aspecto triste.
También habían muchos gatos, pues resulta que en una de las tumbas yace un gato muy importante para ellos y se aseguran de que siempre al menos un gato esté acompañando esa tumba.
Cuando bajé me quedé algo sorprendida de que hubieran muertos en mi techo, cuando se lo dije a mi madre ella respondió que la costumbre era vieja y por eso yo no la comprendía.
Ellos estaban preparando la cena y yo seguía pensando en el cementerio cuando escuché un ladrido en el patio. Eso no tenía sentido, porque yo sólo tengo gatos, así que me asusté y en seguida dije que había un perro en el patio, aunque no lo había visto. Mi madre dijo que era imposible, así que me acerqué a la ventana y vi a un perro negro caminando entre las plantas. Me aterró verlo y no estoy segura de por qué fue así, pues sólo era un perro y ni siquiera estaba dentro de la casa. Salí corriendo y me fui al fondo de la casa. Entonces entró el perro y se dirigió justo hacia donde estaba yo. Grité y huí de él, pero pude notar que no tenía el aspecto de un perro molesto y dispuesto a atacar, sino el de uno amigable.
Aún habiendo comprobado que el perro no era malo, yo seguí corriendo y salí de la casa.

Soñé que iba a un juego de baseball con Claudia.

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