Una noche muy larga
Era Halloween y mi familia decidió festejarlo yendo a una calle muy oscura, en la cual siempre habían habido muchos extraños accidentes. Estábamos sentados al final de la calle sobre el coche, comiendo algo. Entonces mi hermana me dijo que fuéramos un rato a esquina de la calle, donde más accidentes ocurrían. Había un árbol muy grande que daba la extraña impresión de estar vivo, aunque todo estaba oscuro a mí me pareció ver a una persona colgando del árbol. Se lo dije a mi hermana y ambas retrocedimos hacia nuestro coche para decirlo a mis padres, mi madre parecía asustada y no lo creía, mi padre parecía algo asombrado, pero tranquilo. En ese momento salió de la casa frente a la que estábamos estacionados un hombre bastante viejo, parecía muy frustrado y molesto. El anciano nos pidió que nunca habláramos de ningún ahorcado en ese árbol, parecía decidido a desmentir lo que mis propios ojos habían visto, pero nunca explicó por qué. Yo agarré un post-it amarillo y con un plumón morado escribí "El árbol está MALDITO", luego lo dejé en la acera donde creí que era más visible, me metí al coche y nos fuimos de allí.
No recuerdo qué estaba haciendo cuando llegué allí, pero me encontraba en una casa situada en medio de una gran extensión de tierra. Las paredes estaban llenas de cuadros en los cuales en lugar de fotos habían frases. En la casa vivían dos familias según parece, y todos colgaban sus frases en ese pequeño salón de entrada. Habían frases más serias y profundas, pero al acercarse la hilera de cuadros a la puerta que conducía a la casa de la segunda familia, las frases se volvían más cómicas, eran reclamos entre los hermanos (que al parecer eran muchos, algunos de ellos adoptados).
No sé cómo lo sabía pero estaba en Los Ángeles. Hacía mucho calor y yo vivía sola con mi madre (que no es mi madre real) en una especie de apartamento pequeño pero lujoso. Mi madre me dijo que me metiera a la piscina mientras traía la comida y así lo hice. Al salir de allí decidimos ir a un parque cercano en el que tenían a un feroz cocodrilo. Yo fui con ella y ambas presenciamos el momento en el que un niño pequeño, de no más de 5 años, entraba llorando y quejándose a la zona donde se encontraba el cocodrilo. Yo misma había pasado junto al cocodrilo y pude comprobar que, a pesar de que te perseguía, no hacía ningún daño. El niño no comprendía que el cocodrilo era inofensivo y corría llorando tratando de alejarse de él. Entonces yo me acerqué al cocodrilo y lo acaricié para demostrarle que no era agresivo. El niño miró confundido como el cocodrilo cerraba los ojos cuando lo acariciaba y su berrinche cambió drásticamente. Ahora se quejaba de la docilidad del cocodrilo, diciendo que a él le habían prometido encontrarse con un cocodrilo totalmente salvaje, y para provocarlo comenzó a golpearlo.
Mi madre me dio una bebida de avena con un pequeño marisco adentro. Yo no podía tomarlo porque me parecía asqueroso, y ella se ofendió muchísimo. Más tarde llegó mi padre y ella le ofreció la misma bebida, él tomó más que yo, pero aun así dejó bastante. Ella le preguntó por qué no se lo había acabado y él respondió que hubiera sido más fácil de tomar si no hubiera tenido un marisco reseco adentro.
Estaba en lo que parecía la entrega de unos premios, o algo similar. Iban a premiar a los mejores promedios de la escuela y me dijeron que debía ir a un pequeño teatro, muy bien vestida, para recibirlos. Yo me puse mi mejor vestido y aparecí por allí con mi familia. No recuerdo muy bien qué pasó, pero al terminar la entrega nosotros tratamos de irnos, pero vimos cómo un carro alcanzaba a un hombre en motocicleta y le cercenaba las dos piernas. El hombre salió volando y comenzó a convulsionar, me pidieron que ayudara a llevarlo y así lo hice, aunque me asustaba mucho verlo, ni siquiera parecía humano. No sé qué pasó después de eso.
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