Los bebés

Yo era una criatura muy rara, algo así como un slime rojo/morado, aunque al principio recuerdo haber sido yo misma. Entré a la casa de una chica que se estaba preparando para ir a dormir junto a sus dos gemelos recién nacidos. Me estaba explicando cómo los arropaba y los alistaba para ponerlos a dormir a su lado. Los puso en una especie de pequeña bañera tan solo lo suficientemente grande como para que diera uno de ellos. Los dejó en la cama y fue a la cocina a hacer algo. De repente, uno de los niños comenzó a llorar muy débilmente y fui yo quien fue a ver qué les pasaba. Me di cuenta de que el niño estaba lleno de hormigas y que seguramente le estaban picando, pero la madre no parecía preocupada, sino más bien algo molesta de que lloraran por algo así, mientras que yo pensaba que quizás deberían haber llorado incluso más. Le quité las hormigas de la cara y el cuerpo y volví a donde estaba la madre. Estaba hablándome de su esposo y de como gracias a los bebés ya no podía dormir en la misma cama. Entonces los niños volvieron a llorar y de nuevo fui a ver qué les pasaba. Esta vez tenían incluso más hormigas y yo levanté a uno de ellos para notar que justo debajo del bebé, entre sus sábanas, había un hormiguero. Me asusté mucho y comencé a quitarle al bebé todas las hormigas que tenía prendidas a la espalda, mientras me preguntaba cómo era posible que la madre no lo hubiera notado antes. Mientras la madre limpiaba las pequeñas cunas de los bebés, uno de ellos empequeñeció hasta ser imposible de ver de lejos. Era más pequeño que la uña de mi meñique, del tamaño de un frijol. El niño cayó en alguna parte y yo no podía encontrarlo. Me pasó por la cabeza que un monstruo se lo había llevado para molestarme a mí, que también era un monstruo. Salí, convertida en un monstruo, a buscar a una lagartija gigante que se había llevado al bebé. Peleé mucho por encontrarlo, era muy difícil andar en ese estado, y la lagartija era excepcionalmente rápida, de modo que podría haberme matado fácilmente. Sin embargo, me las arreglé para regresar con el bebé encogido a donde estaba su madre. La madre parecía haber asumido que el niño estaba muerto y no se le veía muy afligida. Cuando le di al bebé diminuto lo miró de cerca por unos momentos y fue solo hasta ese momento cuando me di cuenta de que el niño estaba muerto, o al menos así se veía. Tenía los diminutos ojos acuosos entreabiertos y no se movía ni producía ningún sonido. Aún así la madre me agradeció, como sintiendo pena por mí.
El resto del sueño me la pasé molesta por no ser capaz de resucitar al niño.

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